Lula da Silva, el cuestionado ex presidente de Brasil y salpicado por sospechas de corrupción, fue juramentado por Dilma Rousseff en un acto realizado en el Palacio presidencial de Planalto. En los alrededores, el evento estuvo cercado por cientos de personas que expresaban su apoyo al Gobierno o su rechazo al ingreso del ex Mandatario al gabinete.. Durante la ceremonia, la Presidenta brasileña destacó a su padre político y ahora nuevo ministro, a quien definió como «un gran líder político, un gran amigo y compañero de lucha y de conquistas».
La fiesta y tranquilidad del gobierno y de Lula, quedó aguada, tras la decisión del juez federal Itagiba Catta Preta Neto, del Cuarto Juzgado del Distrito Federal, quien anuló el nombramiento. La determinación fue tomada tras la acción judicial presentada por el abogado de Porto Alegre Enio Meregalli Junior, en vista de las investigaciones contra el ex Mandatario por lavado de activos y tráfico de influencias, según consignó el medio G1, de la cadena O Globo.
Esto, producto de que al ser designado ministro, Lula ahora contaría con fuero político, lo que le permitiría evitar comparecer ante el juez Sérgio Moro y sólo ser sometido ante el Tribunal Supremo brasileño, el que podría aplicarle juicio político. En el fallo, que tiene aplicación inmediata, el magistrado resolvió que Lula da Silva no podrá ejercer «el cargo de ministro de Estado de la Casa Civil de la Presidencia de la República, o cualquier otro que le otorgue fuero».
